Autor: Reuben Morales
(con su autorización para la publicación en Varios Temas)
Y a este artículo le damos la
voz de… ¡play ball!
Cuando consigues a un español
o un chileno que no sabe nada de béisbol, ya sabes que serán dos horas de
evangelización a ver si ganas un nuevo adepto. Eso sí, no le explicas el balk o
el infield fly o lo pierdes.
Cuando discutes con alguien en
la calle, lo haces cara a cara como con un umpire.
No dices que te dieron un
ultimátum, sino que te pusieron en 3 y 2.
A todos tus candados les pones
la clave 6-4-3.
Esperando que se caliente un
plato en el microondas, juntas las manos y haces swings imaginarios.
No dices que aceptas un
compromiso, sino que te llegas de cabeza.
Agarras los tubos verticales
del metro como si fuesen bates.
No echas la ropa a la
lavadora, sino que la pichas. Y si entra, es strike.
No dices que te interrogaron,
sino que te lanzaron recta pegadita.
Cuando estás con tu familia en
un sitio con mucho ruido, no alzas la voz. Haces señas de coach de tercera.
Frente a tu clóset tienes una
silla cual vestidor de grandes ligas.
No dices que tuviste una noche
de pasión, sino que anoche llegaste a home.
Cuando tienes un reto no dices
que te esforzarás. Dices que Reuben Morales dará el 110 % por la camiseta y la
fanaticada.
No te gusta que te abran la
puerta de un edificio con el botón. Prefieres que te tiren las llaves cual fly.
No dices que una persona tiene
amante. Dices que tiene a alguien en el bull pen para jugar doble play.
A tu hijo lo bautizas con
nombres como Babe, Wade, Ronald, Barry, Shohei o Ichiro.
Entre ir al estadio o ir a una
cita con tu pareja, obviamente prefieres la cita… pero en el estadio.
No dices que en la vida te
está yendo bien, sino que estás bateando .300.
Eres de los pocos seres
humanos que ve un partido de béisbol completo… y lo sientes corto.
Ese partido lo viste por
televisión… pero en mute porque prefieres escuchar la narración del circuito
radial de tu equipo.
No dices que te movieron un
compromiso, sino que te cambiaron la seña.
No comes chía, quinua o
ajonjolí. Solo semillas de girasol.
Para animar a tus amigos no
les das un espaldarazo, sino una palmada por las nalgas.
De tus finanzas personales no
haces contabilidad. Haces cibermétricas.
En el gimnasio no cuentas las
series en uno, dos o tres… Mentalmente piensas: “Llevo 13 repeticiones, como el
número de Guillén”.
No motivas a alguien
diciéndole que le eche pierna. Le dices que la saque del estadio.
Tus juegos de béisbol
favoritos son los que no le gustan a nadie: los cerraditos de pocas carreras.
Cuando toca guardar ropa en la
casa, se la pasan como si fuese un doble play.
Sabes que el pecado más grande
de la moda es usar gorras con visera plana. Porque la visera va arqueada.
Con tus primos no juegas
papelito o Pictionary. Juegas “Adivina quién batea así”.
Combates la desmotivación de
los lunes viendo la repetición del último pitcheo de Palencia para coronar a
Venezuela como campeón del mundo.
Y cuando llega ese momento de culminar un artículo, no dices que aquí concluye todo. Dices que finalmente llegó el out 27.






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